lunes, 16 de enero de 2012
Princesa.
viernes, 13 de enero de 2012
2
martes, 10 de enero de 2012
1
Y día a día, no soportaba convivir con lo que me había convertido. No podía seguir viviendo conmigo. Incluso si me condenaba al infierno yo no podía más. Simplemente no quería seguir viviendo.
En cualquier caso, yo nunca tenía mucho miedo, porque la mayoría de las veces las envidiaba.
Pero entonces sentía su presencia. Sentía sus ojos espiándome y sabía que yo sería la siguiente. Lo intuía de algún modo paranoico pero certero. Yo era la siguiente y lo que me perseguía tenía poco de humano.
Él me golpeó de nuevo antes de encerrarme en mi cuarto. Decía que no había ganado lo suficiente. Que era estúpida hasta para eso. Que siempre había sido una niña mimada, pero que mamá y papá ya no estaban para consentirme y tenía que trabajar para comer.
-Ni siquiera es un trabajo. Es algo placentero.- Dijo con una sonrisa burlona y sentí ganas de vomitar.
No lo soportaba. No soportaba que volvieran a tocarme, que volvieran a besarme. No soportaba su olor, ni el peso de sus cuerpos contra el mío. Lloré, deseando que mis lágrimas fueran ácido que me deshiciese el rostro.
Y me dije que bastaba.
No tenía sentido seguir.
Me sentía tan vacía que me costaba creer que alguna vez hubiese tenido alma.
Esperé hasta oír como se marchaba, y entonces salí de mi cuarto. Podía haber cogido un cuchillo, pero preferí golpear mi reflejo en el cristal hasta coger una esquirla de cristal. La giré entre mis dedos. Brillaba.
Y algo me dijo que me diera prisa porque él acababa de descubrir que estaba sola. Y lo que ese "alguien" me iba a hacer iba sería mucho más doloroso.
El cristal mordió con sus dientes afilados mi piel. Lágrimas de sangre empezaron a deslizarse, cálidas y silenciosas, mientras yo ahogaba gemidos. Dolía, pero no tanto como temía. Y reí casi aliviada de lo fácil que resultaba. ¿De verdad se acabaría todo tan fácilmente? ¿Por qué no lo había hecho antes?
Me tumbé sobre el frío suelo. Mi vista empezaba a nublarse. Suspiré.
Entonces llegó.
-¿Qué haces?
Su voz estaba furiosa. Mi visión demasiado borrosa para discernir algo en su rostro en sombras envuelto en una aureola de pelo oscuro. Me zarandeó. Gemí con desgana.
-¡No puedes matarte! ¡No es justo! ¿Sabes cuanto tiempo llevo estudiándote? ¿Sabes cuanto tiempo hace que eres mía?
Mi visión se aclaró lo suficiente para distinguir su mirada. Tenía ojos de depredador. Fríos y llameantes. Desde el primer momento supe que tarde o temprano me mataría.
-No vas a arrebatarme algo que es mío.- Gruñó, y cargó conmigo.-Morirás cuando YO quiera que mueras. Y no así. No tan fácil.
Protesté con un gemido, intentando deslizarme hacia la muerte, hacia la inconsciencia. Y casi lo consigo. Casi.
Nunca volví a tenerlo tan fácil
domingo, 1 de enero de 2012
Alternative
viernes, 30 de diciembre de 2011
Bestia
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Juntos
-Suéltame.
-Te caerás.
-No me importa.
Bufas y me sueltas. Y, en efecto, caigo de rodillas. Y empuño mi puñal para desgarrarte las piernas pero estoy mareada y cansada. Con facilidad, pisas la hoja de mi puñal, desarmándome.
-¿Por qué no lo haces?
-Ya lo sabes.-Te agachas a mi lado. Tus ojos se clavan en mi alma.-Ya sabes que te quiero.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Hielo y cenizas.
martes, 18 de octubre de 2011
Dormida
Tu piel es suave, y blanca. ¡Tan blanca! La recorro con la yema de mi índice. Tu piel es un lienzo donde dibujar mi obra. Un lienzo que he cubierto de ríos escarlata y lagos de un oscuro color vino. Un lienzo tan blanco que cada una de mis pinceladas destaca con sorprendente belleza.
Tú eres mi musa y yo visto tu desnudez con arte.
Duermes. Estás terriblemente bella dormida. Tu voz era demasiado aguda, demasiado expresiva. Tus gritos amenazaban con romper la magia con la que te creaba. Había demasiado miedo en tu voz, y en tus ojos cuando estabas despierta, y no, no queremos miedo. Ni respiración agitada. Ni lágrimas que borren la sangre de tus mejillas. No.
Duerme. Sin el golpeteo incómodo del corazón contra tu pecho. Sin que tu pecho se mueva al tener que inspirar aire. Duermes eternamente hermosa, mi bella durmiente. Mi musa. Mi lienzo. Mi amada
Rojo contra blanco. Valles amoratados entre tus colinas cubiertas de nieve. Tu piel es tan perfectamente blanca. Te adoro. Te amo con toda mi alma aunque ya nunca sepa tu nombre. Lirio, Cisne, Reflejo de luna. Blanca. Pura.
Sigues dormida, perdida en sueños, con los ojos muy abiertos. Tomo tu mano fría y pálida y deposito un beso en el dorso antes de marcharme. Me quedaría aquí contigo, pero ya sabes que los artistas somos unos incomprendidos y hay quien considera un crimen mi arte.
No nos comprenden, mi musa de marfil. Tú tampoco lo hacías antes de que te hiciese dormir, pero ya lo entiendes. Y me amas por lo que te he hecho. Deslumbra con tu cegadora belleza a quienes te vean, mi ninfa de niebla, yo me llevo tu recuerdo para siempre grabado en mis más bellos recuerdos.
Y tu sabor, dulce y metálico, en mis labios.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Te echo de menos
-Te echo de menos.
Él estaba distraído, así que me mira sorprendido por mi repentina sinceridad.
-Estoy a tu lado. Siempre estaré a tu lado.
-Y siempre inalcanzable…-Recito amargamente.
-Pero seguiré siempre a tu lado.-Odio que su voz sea tan calmada, que siempre lo tenga todo bajo control, que siempre ocurra todo según su plan.- No puedes echar de menos a alguien que te dedica cada segundo de su existencia.
-Echo de menos lo que eras. Echo de menos jugar con mi hermano. No tiene nada que ver con lo que somos ahora, con lo que nos hemos convertido…
-Nada dura eternamente.
-Para ti es fácil decirlo.-Protesto.-Tú sigues siendo lo que eras, no has cambiado, no como yo.
-¿Me culpas?
-Te quiero. Aún te quiero y eso hace que me sienta… Furiosa conmigo misma.
-No, no te enfades contigo.
-Si fuera más fuerte dejaría que cada uno siguiese su rumbo.-Suspiro, con ganas de llorar.-Si fuera más segura de mi misma… Pero no puedo. Eres todo lo que tengo.
-Y tú eres todo lo que yo tengo. ¿No te das cuenta? Te dedico cada segundo de mi existencia.
-¿Por qué? ¿Para redimirte? ¿Porque te sientes culpable por haberle quitado la vida a tu hermana?-Replico furiosa.
-No tuve elección.-Responde, tajante, poniéndose serio.
-Esa es tu excusa.
-Entonces ¿me culpas?
Quiero gritar que sí, pero no tengo repuesta. No lo sé. Quiero convencerme de que le odio por lo que me hizo, pero si realmente creyese que es culpable yo… No podría soportarlo.
-No puedo culparte porque eres todo lo que tengo.
-Te quiero, hermana. Siempre te he querido.
-Entonces ¿por qué me mataste?
-No tenía otra opción.
Resoplo. Desearía más que nunca poder irme y abandonarle. Pero no podría. Nadie me vería. Nadie me hablaría. Eternamente sola, vagando entre los vivos.
-Esa es tu excusa.-Repito, enfadada, y me encierro en mi misma tratando de olvidarme del mundo, de mi mundo, de mi hermano, mi asesino, mi protector… Y de nuevo vuelvo a echar dolorosamente de menos a mi hermano de los recuerdos, aquel al que cuidaba y con el que jugaba. Aquel niño que me admiraba.
Que no se parece nada al hombre frío y calculador que respeta mi silencio, releyendo un artículo en su impecable despacho.
