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domingo, 27 de noviembre de 2011

Yin Yang

Esperaban que fuese a Ravenclaw.

Más que nada, creo que esperaban que les siguiese a Ravenclaw. Son mis hermanos y me conocen, saben que odio estar sólo y supongo que esperaban que les siguiese a su casa para tenerlos cerca cuando les necesitase.

-Slytherin es una buena casa.-Me dice Hydra en el pasillo, como si necesitase que me lo recordase. Me han acompañado hasta las escaleras y se que si se lo pidiera me acompañarían hasta mi habitación o me dejarían colarme en su casa. Pero no quiero.
-Lo sé. Estoy contento.
-Si nos necesitas, sea lo que sea, estaremos a tu lado.-Dice Arcturus, poniendo una mano sobre mi hombro.
-Ni lo dudes.-Secunda Hydra.
Sonrío ampliamente en respuesta.
-Si os necesito lo sabréis.

Aún soy más bajo y delgado que ellos, y sé que mi pelo rubio y mis ojos infantiles me siguen dando aspecto aniñado e inocente. Mucho más aniñado e inocente de lo que me siento.

Camino hacia la sala común siguiendo a los otros Slytherins observando y evaluándoles mentalmente. Odio estar sólo, así que necesito buscar mis futuros compañeros. Y buscar los mejores.

Una chica nueva, como yo, me sonríe tímidamente, y yo esbozo otra sonrisa distraída antes de dejarla atrás. No quiero a alguien que esté tan perdido como yo. Necesito a alguien mayor, alguien que conozca esto, que pueda protegerme. Aunque también necesito alguien cálido, alguien se me preocupe por mí y que me reciba con una sonrisa.

No conozco mucho del mundo, pero sí de esa sensación de sentirte abrazado por el yin y el yan, de estar en el centro del equilibrio, completamente arropado por dos fuerzas que se complementas entre sí.

Wendy y Peter.

Mamá y papá.

Arcturus e Hydra.

Yin y yang.

Llegamos a la sala común y mientras los prefectos nos la enseñan y nos explican las contraseñas yo sigo evaluando a mis compañeros de casa. Y cuando empieza la fiesta que los mayores han montado me voy pasando por todos los pequeños grupos, sonriendo, bromeando, mostrándome encantador o admirándoles según considero conveniente. Y en pocos minutos todos se saben mi nombre y me llaman para preguntarme cosas sobre mí o invitarme a sentarme con ellos.

Mi primera noche y ya me muevo como pez en el agua por la sala verde y plata. Pero, a pesar de lo que muestro, no estoy tan contento. Necesito encontrar a alguien en quien confiar realmente. No alguien a quien manipular. Me resulta muy fácil hacer que la gente confíe en mí, ¿por qué me cuesta tanto encontrar a alguien en quien poder confiar?

Y la noche pasa, y cuando todos duermen yo me quedo despierno en mi cama. Lejos de Nunca Jamás. Lejos de papá y mamá. Lejos de mi campanilla. Sé que ellos estarán pensando en mi, pero eso no hace que me sienta menos sólo.

Cojo mi manta y bajo en silencio hacia la sala común cuando les oigo:
-¡Scorpius! ¡Puede venir cualquiera!
-¿Quieres dejar de lloriquear por todo?
-Es que… Si alguien bajase…
-¿Qué?
La primera voz murmura algo inaudible, avergonzado. La segunda suelta una carcajada.
-Te he echado mucho de menos.
-Y yo a ti, Albus.-Contesta la segunda, conmovida.

Dulce. Tímido. Indeciso.

Fuerte. Travieso. Protector.

Ying Yang.

-¿Hay alguien ahí?-Pregunto con voz débil. Me sigue un silencio antes de que Scorpius conteste.
-¿Quién demonios eres?
-Es mi primera noche y… Mis hermanos están en otra casa, nadie se esperaba que viniese a Slytherin…-Contesto eligiendo con cuidado cada palabra, cada pausa y el tono triste de mi voz. Voy bajando lentamente las escaleras según hablo y me siento en el último peldaño escogiéndome bajo mi manta hasta convertirme en un bulto pequeño.-Me siento muy sólo.

Tras otro silencio unos pasos se acercan y alguien me acaricia la cabeza. Cuando alzo la vista, unos amables ojos verdes me sonríen tras unas pequeñas gafas.

-Tranquilo. Puedes estar con nosotros. Yo soy Albus.

Lo sé. Y tu forma de actuar permisiva y dulce me recuerda a la de mamá. Y por eso te he elegido. Y también sé que el chico rubio que me 
observa de brazos cruzados detrás tuya es Scorpius Malfoy, y que, como a papá, a él no me será tan fácil manipular, pero que con un poco de tiempo me protegerá de cualquiera que ose mirarme mal.

Ying Yang.

Os encontré. 

Sois míos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Le moment du bain.


-S’il voux plaît…-Suplicó Deneb, bloqueando la puerta con su cuerpo.
-NON.
-Eridani… Por lo que más quieras.
-Non.
-Comme tu veux…
Deneb cogió al niño que pataleó y chilló. Como pudo, le quitó la ropa que aún le quedaba y le metió en la bañera.
-Pas mal.-Rió el pequeño, chapoteando.
-Je t’ai dit…
Suspiró y se sentó al lado de la bañera, agotada. Los mellizos siempre estaban trasteando, y la verdad es que aún no se había acostumbrado del todo a levantarse siempre tan temprano, escuchando sus gritos. Habían salido a Regulus en eso: al alba ya estaban despiertos.
Pero Eridani era agotador. Tenía demasiada energía y siempre estaba pululando a su alrededor. Le quería. Muchísimo. Sabía que era ella la primera en mimarle. Pero muchos días terminaba tan cansada que caía dormida según se tumbaba en la cama.
Era paradójico que se quejase mentalmente de eso, con lo que siempre le había costado dormir. Y sin embargo, echaba demasiado de menos el simple hecho de poder quedarse hablando con Regulus hasta las tantas, de tener tiempo para ellos, de remolonear por las mañanas…
-Les cheveux. Tu dois te laver les cheveux.
-Toi aussi !
Antes de que pudiera detenerlo, el niño vertió jabón sobre el pelo de Deneb, que le detuvo demasiado tarde. “Ahora tendré que lavarme el pelo de verdad, en cuanto le acueste. Y hasta entonces, con el pelo enjabonado…” Suspiró profundamente y trató de lavar el pelo rubio de Eridani, que se retorcía resistiendose.
-Aclaramos y te seco.
-Non. Je ne veux pas surtir.
-¡Eridani !
Él se rió, retirándose hacia el fondo de la bañera. Cuando Deneb se inclinó sobre él para sacarle, atrapó su mano y tiró de ella, desestabilizándola y haciendo que medio cuerpo cayese el la bañera.
Salió quitándose el jabón de los ojos a tiempo para escuchar a Eridani riéndose mientras salía corriendo del baño. Soltó un grito ahogado, cogió la toalla y salió corriendo tras él. Su vestido era fino, y estaba empapado. Hacía frío, así que era fácil que Eridani, totalmente desnudo, se resfriase.
-Viens ici!
Bajó las escaleras tras él, pasando frente a la sala donde los mellizos levantaron la vista del libro que les leía su padre para observarles, aun bastante sorprendidos para empezar a reírse. Regulus sí que tenía ya un asomo se sonrisa y le lanzó una mirada interrogante, alzando una ceja.
-Pas de parole!-Gritó Deneb, sin detener su caza del pequeño de la familia.
Le atrapó llegando al jardín, usando la toalla como una red.
-Vas a estarte quietecito hasta que termine contigo…-Amenazó, secándole el pelo.
Su amenaza no hizo que Eri dejara de reír.
Tras otra interminable lucha por ponerle el pijama y una batalla campal en toda regla para hacer que se acostase, Deneb fue a su dormitorio y se tiró en la cama, boca abajo. Daría lo que fuera por un día de tranquilidad.
Escuchó la risa ronroneante y medio contenida de Regulus, y sus pasos entrando a su habitación.
-No te rías de mí.-Protestó, sin mucho convencimiento. Regulus se sentó a su lado.-Es realmente… Agotador.
-¿Te puede un niño de tres años, Wendy?
Deneb gimió en voz baja sin levantar la cara de la almohada. Regulus volvió a reir, inclinándose sobre ella para besar su hombro aún húmedo.
-Hueles a jabón.
-Tengo que darme un baño para quitarme todo esto. Juste… J’en veux… Descansar un poco.
-Deja que yo te prepare el baño, princesa.
-No te preocupes, Reggie, yo ya….
-Nos lo merecemos, ¿no crees?
Y tras dibujar una sonrisa traviesa, sus labios la besaron con ternura antes de dirigirse al baño por su (al fin) silencioso Nunca Jamás.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Héros

Podría ser divertido, pero no lo es. Están demasiado preocupados.

-Eri, s’il vous plaît, no te castigaremos, de verdad que no. Por favor, dinos dónde esta tu hermana.

-Je ne sais pas, maman.

Mamá es Wendy. Siempre la llamo Wendy. Menos cuando quiero que sepa que hablo en serio. Estoy empezando a enfadarme. No, no lo sé. No se donde se ha metido la niña boba esa. Y quiero alegrarme de que haya desaparecido ¿por qué no puedo alegrarme? No lo consigo. Eso hace que me enfade mucho más.

-Eridani, más te vale decírnoslo.

-Papá, JE. NE. SAIS. PAS.

Papá es Peter, el capitán Peter Pan. A mi también me gustaría serlo. Cuando estoy enfadado con él le llamo papá porque se que le gusta menos que capitán Peter Pan. Él no me cree. Wendy empieza a darse cuenta de que no miento, pero es que ella me conoce mejor. Y Peter… Me gusta jugar a fastidiarle sin que Wendy se entere. Porque quiero todo lo que él tiene. Algún día, yo seré el capitán Peter Pan.

Una de mis formas favoritas es robarle a Wendy. Cuando están mucho rato juntos entro gritando que he visto piratas. O me caigo para que Wendy venga a curarme con un beso en la rodilla. O le enseño plumas o rocas raras que he encontrado explorando. También me gusta levantarme antes que ellos para meterme en su cama y abrazarme a Wendy sin desperarles. Me gusta la cara de fastidio que pone Peter cuando se despierta y me ve pegado a ella. Pone los ojos en blanco y murmura cosas en plan “Otra vez tú” o “¿No vas a dejarme nunca a solas con ella?” Y yo niego con la cabeza, feliz por haberme adelantado.

Antes todo era incluso más divertido. Pero entonces tuvo que nacer el incordio ese. Y desde que nació empezó a acaparar a los dos: A Wendy y a Peter. Y a los mellizos. Y mi espacio. Y todo. No me gusta. Nunca me ha gustado. LA ODIO. Y por eso no me creen cuando les digo que esta vez no se donde está.

Vale, se que otras veces la he liado. Como aquella vez que le rapé todo el pelo para que viesen todos lo feísima que es. O cuando intenté tirarla por la ventana, pero la maldita niña tuvo que montar tal escándalo desde que la saqué de la cuna que Peter llegó justo cuando la lanzaba, y logró parar la caída con un hechizo.

Aunque la vez más divertida fue cuando la metí en la chimenea con polvos Flu y la mandó a Francia. Tardaron todo un día en traerla de vuelta y aunque estuve un mes castigado sigo pensando que mereció la pena. Es mi juego favorito: Hacer desaparecer a Wally. ¿No quieren que aprenda magia? Pues que me dejen jugar con ella. Es difícil, cada vez tienen más cuidado. Tengo que llegar hasta ella cuando esta sola sin que me vean Peter, Wendy, los mellizos ni los elfos. Pero yo soy cada vez más listo. Y merece la pena.

Pero ahora esa cosa tonta ha desaparecido y por primera vez yo no tengo nada que ver. Y por si fuera poco que me echen a mí las culpas ni siquiera puedo alegrarme. Me siento mal. ¿Por qué?

Peter y Wendy por fin se dan cuenta de que no es mi culpa.

-El mar, quiza haya ido a nadar y…-Wendy esta muy asustada.

-Quédate en casa por si vuelve. Yo voy a la playa.

-Voy contigo.

Que esa tonta consiga que Wendy esté dispuesta a ir al mar para buscarla me pone enfermo, pero sigo sin poder alegrarme de que se haya ido cuando me dejan por fin solo. Los mellizos estás registrando el bosque por segunda vez. Que tontería, Wally nunca iría sola al bosque. Yo la conozco mejor que nadie. La he espiado y vigilado muchísimo tiempo. Le gusta ir a tirar piedras al mar desde el acantilado cuando quiere estar sola. Ya lo han revisado, pero yo soy el mejor explorador de Nunca Jamás. Creo que iré a buscar alguna pista.

Es de noche, y la luna alumbra muy poco el camino. Sólo alguien realmente valiente se atrevería a venir aquí solo. Puede que caiga por el acantilado y me mate. Pues si me mato les estaría muy bien empleado a todos, por dejarme solo y sin preocuparse por mí. Todo es culpa de Wally. Siempre me quita todo. Lo peor fue un día que cuando iba a colarme en el cuarto de Peter y Wendy me la encontré allí durmiendo con ellos. La tiré de la cama, y ellos se despertaron y me castigaron. Tuve que destrozar todos sus juguetes para vengarme. Encima me volvieron a castigar, como si la culpa fuera mía. No te fastidia…

El acantilado esta oscuro, vacío y silencioso si no fuera por el mar. Camino un rato, pero esta vacío. Me siento mirando la luna. Estoy confundido ¿porqué me siento mal por no encontrarla? Entonces la oigo llorar. Agudizo la vista hasta verla, acurrucada entre unas piedras del acantilado, bajo mis pies. Le ha faltado poco, poquísimo, para no matarse. Ha tenido mucha suerte de caer en un recoveco entre esas piedras.

-¡Eh, llorica! ¿Te has caído?

Me mira asustada y sorprendida, dejando de llorar al instante. Tiene una herida con sangre en la frente y arañazos por la cara y los brazos. Además, su vestido esta roto. Parece aliviada de verme, pero también asustada. Asiente. Entonces hipa, y es tan raro ver a alguien así, tratando de estar serio y asustado hipar que me río a carcajadas.

-Mira que eres torpe, Wally. Y mira tu vestido… Wendy te va a matar.

Wally me mira sin responder. Esta temblando y algo se ablanda dentro de mí. Me tumbo en el suelo, agarrándome a una roca y tendiéndole la mano libre.

-¡Date prisa, tonta! Me estoy clavando las piedras y duele, sais-toi?

Aún duda unos momentos. No me extraña. Se pone de puntillas para alcanzar mi mano y se aferra a ella con fuerza. Tiro de ella. Pesa muy poco. Sus pies se elevan y cuelgan sobre el vacío.

Si la soltase ahora moriría. Y nadie sabría nunca que he sido yo.

Nos miramos. Voy a dejarla caer y lo sabe. Quiero hacerlo. Siempre he querido hacerlo. Lleva fastidiando desde el día que nació. Llevo queriendo que desaparezca desde antes de que naciera. La odio. Y su vida está en mis manos.

-¿Vas a dejarme caer, Eri?

No son sus palabras, ni su voz: Son sus ojos. Tiene unos ojos increíbles, azul grisáceo, parecen plateados. Quiero sus ojos. Quiero que esa mirada tan profunda que tiene sea mía. Creo que no puede ser casualidad que nunca haya logrado hacerle daño de verdad. Sólo alguien con esa mirada tan intensa podía saber lo que iba a hacer en cada momento y lograr ponerse a salvo a tiempo. Quiero que esa mirada sea mía, que me pertenezca. Sólo un niño tonto rompería sus juguetes más extraños, y yo no soy tonto. Tiro de ella con todas mis fuerzas hasta ponerla a salvo. Nos quedamos sentados en el suelo. Yo jadeando. Ella temblando.

-Creía… Creía que ibas a…

-No seas estúpida.-Mascullo poniendo los ojos en blanco. Ella rompe a llorar y me abraza. Yo dejo que lo haga. No me molesta, al contrario. Me siento bien. Me gusta que ella me abrace.

-Me has salvado.-Dice, mirándome con esos ojos de forma solemne.-Así que ahora te debo la vida.

-Lo sé. Ahora eres mía.-Ella asiente. Parece justo.

-Vale.

-Eres mía.-Repito. Me encanta como suena y ella también sonríe.-Y te prohíbo que vayas haciéndote daño por ahí. Tienes que tener cuidado.

-Vale.

Nos ponemos en pie y vamos hasta casa. Cuando lleguen los mayores voy a pedirles que hagan una fiesta. Me lo deben, por salvar a Wally. Ahora tienen que tratarme como un héroe. Después de todo, soy el explorador más valiente de Nunca Jamás.