martes, 23 de agosto de 2011

Pour toujours

Querer a alguien, aunque fuese quererle con toda su alma, a veces no era suficiente.

Deneb había hecho todo lo posible por salvarle, pero era incapaz de ponerle a salvo de la oscuridad que el mismo llevaba encadenada a su alma. No podía protegerle de sus recuerdos. No podía hacer que sintiese de nuevo ganas de vivir. Ni siquiera ganas por abandonar su cuarto.

Seguramente, porque ella no era la persona indicada para salvarle. Si hubiera sido Sirius, Regulus estaría ahora completamente feliz. O uno de sus amigos con quien él pudiese realmente hablar. “Pero, sé realista, Deneb. Eres una familiar lejana que a penas conoce. Una cría que no es capaz ni de cuidarse a sí misma, que (¡por favor!)tiene miedo a dormir ¿y pretendes cuidar de él? ¡Pero si prácticamente le has secuestrado y le has condenado a no volver a ver a nadie! Lo normal será que se escape. Lo normal es que te odie.”

Ella le quería. No se había dado cuenta hasta que le encontró prácticamente muerto. Sólo cuando él estuvo a punto de dejar este mundo se dio cuenta de que todo perdería el sentido para ella si él se iba. Le quería. Le amaba. Le necesitaba. Fue por él por quien pudo seguir adelante después de que la forzasen a matar, fue su nombre lo único que hizo que no se volviera completamente loca en Azkaban, era él la razón de su vida. Y no podía hacer nada para que saliese de su cuarto.

Él no quería vivir, y eso la torturaba. Le aterraba ser incapaz de detenerle si él decidía dejar de vivir. Y si él no vivía, ella tampoco deseaba seguir respirando. Así de simple. Si él moría, ella también lo haría. No tenía ninguna duda con respecto a eso. Pero no soportaba ser testigo de se sufrimiento sin poder hacer nada por remediarlo.

Le hubiese gustado abrazarle como cuando eran pequeños. Le hubiese gustado acunarle, acariciar sus cabellos oscuros, susurrarle que todo acabaría bien. Pero Regulus estaba aislado en su cuarto, y sospechaba que en algún muy lejano a su propio cuerpo.

A través de la puerta de su dormitorio, Deneb le escuchó gritar en sueños. Apoyó la palma de la mano en la puerta de madera. Quería atravesarla, estar a su lado. Acariciarle. En lugar de eso acarició la madera y apoyó la frente contra la puerta.

Puede que para él no fuese mucho. Puede que para él ni siquiera fuese nada, que no le importase, pero todo lo que ella podía ofrecerle era estar allí, siempre, para él. Así que lo haría. Seguiría dedicándole cada instante de su vida, cada respiración, cada pensamiento, cada palpitar de su corazón. Por que ella vivía para él, había matado por él y moriría si él moría. Por que ella era suya, y le amaba.

Puede que a él no le importase. Puede que quererle así no fuera suficiente, pero su vida era todo cuanto podía darle. Y seguiría viviendo para él, aunque él no se diese cuenta. Para siempre.

sábado, 20 de agosto de 2011

Mantis

Necesitaba que me mirase.

Necesitaba sentir sus ojos clavados en mí. Necesitaba su fría aprobación. Necesitaba que me amenazase con indiferencia, que me sonriese con esa mueca vacía en sus labios. Necesitaba ser por un instante el centro de su atención, igual que él se había convertido en el indiscutible núcleo de la mía.
A veces deseaba matarle. Con mis propias manos. Extinguir la luz esmeralda de sus ojos inexpresivos. Y reír a carcajadas, empapada en su sangre. Y gritarle que nunca debió de jugar conmigo. Que yo NO era suya.
A veces deseaba que me apreciase. Ser especial para él (no como podría serlo para una persona. No era tan ingenua como para desear que él llegase a quererme de forma humana. Quería que me valorase como aliada, como compañera…). Soñaba con sorprenderle. Quería que me admirase, que quisiera mantenerme cerca. Quería ser algo SUYO.


Pero la mayor parte del tiempo sólo quería que me vigilase, que me espiase, que no me perdiese de vista. Llamar su atención. Escuchar la cadencia gélida e inhumana de su voz serpenteando por mi cerebro.
No me importaba si para eso tenía que ser su aliada o su enemiga. Mataba a quien ÉL quería ver muerto. También, a veces, a quienes ÉL necesitaba vivos. Era deliciosamente peligroso jugar a provocarle. Sobretodo porque sabía que él podía matarme con tanta facilidad como yo aplastaba un pequeño insecto entre mis dedos; sin sentir nada, sin inmutarnos. Yo NECESITABA hacer equilibrios entre la vida y la muerte, entre la razón y la cordura… Entre sus afilidisimas garras. Y sentir su presencia, aterradoramente vacía.


Y nada lograba emocionarme tanto como verlo aparecer, paralizando mi cuerpo y deteniendo mi cuchillo a unos centímetros de la yugular de alguno de los que ÉL quería vivos. Nunca logré entender como algo completamente carente de emociones lograba hacer enloquecer todas las mías. Sentía júbilo por el simple hecho de verle, seguido por un odio ciego por aquello en lo que me había convertido. Culpa, pánico, admiración, desprecio, deseo… Todos y cada uno de mis sentimientos estallaban.

Y por algún motivo, él nunca terminaba conmigo. Aunque fuese una molestia. Aunque no significase nada para él. ¿Podría ser que, de algún modo retorcido, se divirtiese jugando conmigo? Él se acercaba, imitando una sonrisa que en su rostro jamás podría llegar a ser real. ¿Por qué lo hacía? ¡Odiaba/amaba tanto esa sonrisa! Y en vez de matarme se acercaba hasta cogerme de la mano y tomar el cuchillo.

-Niña mala, Casandra. Mira lo que estás haciendo.-Sacudía la cabeza como sabía que una persona disgustada lo haría. Pero todo era falso. Todo era un juego. No había nada en su voz. Nada en su rostro. Nada en su alma.-Ahora tendré que castigarte de nuevo…

Y porque SABÍA que iba a torturarme, pero no lograba imaginarme como. Mi eterna sonrisa de desafío se extendía por mis labios.

Le NECESITABA.

Je ne peux pas dormir

Estoy agotada. Siento como si cada parte de mi cuerpo pesase como el plomo. Incluso mis pensamientos vagan a la deriva, inconexos, confusos… Cuerpo cansado, mente cansada y ojos muy abiertos en la oscuridad de nuestro dormitorio.

Je ne peux pas dormir.

No puedo cerrarlos. Si lo hago, todos los fantasmas que se esconden en la oscuridad de mis recuerdos me atacarán sin piedad. Et j’ai trop, mon ciel! Sé que me merezco que lo hagan, pero me dan miedo. Así que cuando sé que esperan a que me duerma para torturarme lucho días y días contra el sueño hasta prácticamente caer inconsciente de agotamiento. No es un buen plan, pero es el mejor que tengo.

Je ne veux pas dormir.

Además, no quiero cerrar los ojos porque si lo hago dejaré de verte. C’est m’effraie plus que des fantômes. Me gusta mirarte mientras duermes. Me gusta que tus dedos se muevan por mi hombro y me espalda sin que tú te des cuenta. Me gusta que murmures cosas que no entiendo, y el sonido constante y tranquilizador de tu respiración. Tu est si douce… Un enfant. Mon enfant.

Je ne peux pas dormir.

Duermes a mi lado. Debe de ser un sueño calmado. Entre sueños, te giras dándome la espalda. Suspiro, mirando el techo. Estoy cansada, pero no puedo dormir. No quiero. Me asusta, y yo nunca he sido capaz de enfrentarme a nada que me asuste, sólo una vez. Sólo por ti.

Je ne veux pas dormir.

Me levanto. Mi camisón está en el suelo. Lo recojo, junto a tu camisa, y lo pongo en la cesta de ropa usada, antes de abrir en silencio la cómoda y elegir otro, suelto y vaporoso, con manga larga que me proteja del frío. Si estuvieras despierto te reirías de mí, je sais. Sí, soy un poco maniática en cuanto a la ropa. Te encanta meterte conmigo por la cantidad de vestidos, zapatos, túnicas y prendas de ropa que tengo cuidadosamente ordenadas en el ropero. Y por mis cerca de treinta camisones, todos blancos, pero todos diferentes. “¿Para qué, Wendy? Total, yo soy el único que te ve, y me gusta más verte sin nada de eso.” Finjo estar enfadada y, entre dientes te siseo respuestas del tipo: “C’est son des choses que les garçons sont trop bêtes pour comprendre.” Respuestas que no comprendes, pero te hacen reír. En realidad, me da igual que nadie más que tú me vea, eres la única persona que me importa en el mundo, y sé que en el fondo si que te gusta mi forma de arreglarme. Tú también sigues vistiéndote de forma elegante. Y ¡que demonios! Soy una Black, y además francesa. Llevo en la sangre ser vanidosa.

La vida es a veces demasiado agradable en Nunca Jamás, ¿no lo piensas nunca, mi querido Peter? Tengo miedo de que todo esto sea un sueño. Pero ahí están mis pesadillas, demostrándome que no lo es. Debería estarles agradecida.

Je ne peux pas dormir.

No hay nada que recoger, nada con lo que mantener mi mente ocupada. Me siento frente al tocador y me peino más por hacer algo que por ninguna necesidad real. Mi pelo cae en ordenados y suaves mechones castaños por mis hombros y mi espalda. Me levanto. Vago por nuestro dormitorio. Finalmente salgo al balcón y me apoyo en la barandilla, contemplando las estrellas.

Mi padre no me las enseñó, no tenía tiempo. Fue mi abuela Aurore quien pasó pacientes noches conmigo, señalando el cielo y diciendo sus nombres y sus historias. La de mi abuelo, la de mi padre, la del cisne, la mía.

-Et la tienne?

-Je suis l’aube, ma fille.

Ahora mi mirada busca la tuya, mon amour, en la constelación del león. No estamos muy lejos. No se porqué, ese pensamiento siempre me anima.

Je ne veux pas dormir.

-¿Deneb?- Me giro al escuchar tu voz y sonrío ante tu expresión confusa y adormilada. Me parece irresistiblemente tierno que te hayas desvelado al no encontrarme a tu lado. Te estiras y vienes a mi lado, rodeándome la cintura con tu brazo.- ¿Qué hora es?

-Muy tarde. O muy temprano. No lo sé.

-¿Problemas para dormir?-Asiento con un gesto.-Ven aquí…

Me abrazas. Con fuerza y suavidad. Me encanta que lo hagas. Nos fundimos. Mis manos recorren tus brazos y tu espalda. J’adore, je t’aime de tout mon coeur. Nuestros labios se encuentran. En algún momento dejamos que nuestros cuerpos tomen las riendas y nuestras mentes se retiran para no entorpecer ni la más mínima sensación. Je t’aime, y nada más me importa mientras nos sumergimos en un mar de caricias y besos ardientes.

Me alzas en brazos, como si no pesara, como si fuera una muñeca que tiendes con cuidado en la cama. Mi camisón vuelve al suelo y esta vez tú no llevas apenas ropa que pueda quitarte. Embrasser, grignotage, caresser, gratter. Quelque chose se passe dans l’amour. Haces que grite y gima, y disfrutas escuchándome. Jadeas y me encanta ser capaz de alterar tu respiración y tu pulso. Atrapo el lóbulo de tu oreja con mis labios y lo acaricio con mi lengua antes de susurrarte:

-Je t’aime.

Te estremeces. Aceleras el ritmo, haciendo que pierda la cabeza y deje de ser capaz de pronunciar ninguna otra palabra. Giras, colocándome arriba. Me apoyo sobre tus hombros. Chaque centimètre de ta peau brûle. Tu brûles. Tu me fais brûler.

Je crie. Arqueo mi espalda, volviendo mi rostro hacia el techo. Me falta aire. Noto tu cuerpo completamente en tensión bajo el mío. Nada. Todo. Douce mort.

Borras todo de mi mente. Sólo se que te amo, que te quiero con cada resquicio de mi alma. Y nada más importa.

Me dejo caer en tu pecho. Me abrazas. Mis dedos recorren tu torso desnudo. Si pretendías agotarme lo has conseguido, hasta el punto que ni siquiera puedo decírtelo. Sé que estás esperando a que me duerma primera, así que cierro los ojos y empiezo a respirar lentamente. Me encanta que me sigas acariciando el pelo cuando crees que ya estoy dormida, que me beses en la frente, que suspires…

Sólo vuelvo a abrir mis ojos cuando ya se que estás dormido de nuevo.

-Je t’aime.-Susurro, y medio sonríes en sueños.

Je ne veux pas dormir.