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sábado, 17 de septiembre de 2011

Riddle me this...



Sólo quedabamos tres.

¡Son tan estúpidos! Les he advertido de las trampas. Les he pedido que esperaren que yo lo indicase para seguir adelante. ¿No se han dado cuenta de que soy la única que comprende que estamos en una trampa, pero que hay una forma de salir? Yo soy capaz de resolver los acertijos pero el resto… No, no están a la altura.

Habíamos despertado diez desconocidos juntos. Tras las primeras tres horas sólo quedabamos seis. Recorremos unos túneles que a veces se bifurcaban, llevando a verdaderas trampas mortales. Pero siempre hay pistas.

-¿Qué clase de monstruo nos está haciendo esto?-Gimió una mujer pelirroja, cuando murió la primera persona.

-Enigma.-Respondió el tipo que había dicho que era poli, señalando la marca con la que firmaba uno de los acertijos.

-Enigma…-Murmuré para mis adentros…

Enigma puede ser un monstruo, no voy a negarlo. Pero es un monstruo ferozmente listo. Y yo soy era la única del grupo capaz de entender sus enrevesadas pistas. Enigma es el causante de las muertes, del hambre, de los largos días de encierro y del miedo, sí; pero es el único con el que puedo sentirme identificada. Mis compañeros de celda son infantiles, estúpidos y llorones.

Y sólo quedamos tres.

El poli, el médico y yo. Llevábamos horas andando por uno de los túneles. Hace días que no dormimos en condiciones, sólo comemos lo que él nos va dejando por el camino. Tengo la boca seca y los labios rotos.

A veces da la impresión de que volvíamos al mismo sitio, pero siempre hay algo diferente. Un nuevo acertijo.

-¿Y si no hay salida?

-Hay salida. No quiere que muramos.-Respondo.

-No podemos saber como funciona su mente. Es un psicópata.-Me contradice el médico.

-Él es demasiado listo para eso.

-Es un psicópata.

Podría haberme puesto a discutir con ellos, pero, ¿para qué? Era como discutir con niños. Que no te lleves bien con alguien no quiere decir que no puedas admirarlo. Pero ellos estan ciegos… Al menos, han sido lo bastante listos como para confiar en mi.

-Aquí hay algo.-El médico señala un cartel que parecía de información en el que ponía el ya familiar “Riddle me this…” Sobre una serie numérica:

66.666- 8.666.3.666.7777- 7.2.777.2-88.66.2-7777.444.66.666-88.66.2-7.2.777.2-222.2.3.2-88.66.666

Aprieto mis labios, concentrándome en esa serie de números. No parece que tenga un orden lógico, y el hecho de que vayan en pequeños grupos de números iguales…

Tras unos minutos saco el móvil con una sonrisa triunfal.

-Ya sabes que no hay cobertura…

-Lo supe desde el primer momento, no me hizo falta ni comprobarlo, genio.-Abro un nuevo mensaje y empiezo a teclear, cada cifra entre puntos es una letra. Cada guión un espacio. Cuando termino, les dejo leer el mensaje de enigma.

-¿Qué se supone que hacemos con esto?

-Tenerlo en cuenta y seguir adelante. Es una pista para resolver el acertijo.

No les gusto. Una parte de ellos odia que una chica mucho más joven que ellos sea la que dirige el grupo. Si su inteligencia estuviera a la altura de sus egos no me importaría demasiado.

Avanzamos en la casi completa oscuridad. Tengo sed, hambre y sueño. Es difícil saber cuanto tiempo llevamos aquí. Basándome en la batería de mi móvil, cerca de seis días. Siento que son seis meses.

Llegamos a una estancia en la que hay bastantes cabinas telefónicas. Sé que es el siguiente acertijo, relacionado con el teléfono, como la pista que nos ha dejado. Aún así, nos tomamos un tiempo para asegurarnos de que no es una trampa.

-¿Qué hay que hacer?-me pregunta el médico.

-“Una para cada uno”. Separarnos.

-¿Estás segura?

-Estáis vivos gracias a mí, ¿no?

Me miran reticentes, así que alzo la cabeza y me meto en una cabina, que se cierra automáticamente a mi espalda con un chasquido metálico. Contengo el aliento. No pasa nada. Ellos se quedan un rato observándome antes de desearse suerte y meterse cada uno en una cabina. Entonces suena el teléfono.

Contengo un grito y, tras respirar hondo, lo cojo al segundo timbrazo. Una grabación de una voz masculina, suave y perfectamente modulada se pone en marcha.

-El juego se termina, y esta vez no puedo dejar que hagáis trampas y le chivéis la respuesta a los más débiles… Sí, esto va por mi chica. Si estáis a la altura viviréis. Si no, en 30 segundos habréis muerto. Así que si queréis escapar tan sólo tenéis que llamarme.

La grabación se corta. Escucho a los otros dos gritar el nombre de Enigma a voz en grito.

Apoyo el auricular entre mi hombro y mi oreja y pulso el signo “?” del teclado de la cabina.

No pasa nada. Intento pulsar con más fuerza pero el teclado está bloqueado. Tengo miedo. Escucho chillidos y gritos que me llegan, amortiguados de las otras cabinas. ¿Están muriendo? ¿Yo también voy a morir?

Los gritos se silencian, aunque tardan una eternidad en callar del todo. Se escucha un chasquido y las luces se apagan. Mis piernas se doblan y apoyo mi peso contra la puerta de cristal. No estoy totalmente sola. De algún modo sé que él está al otro lado.

La `puerta se abre y caigo al suelo. Estoy temblando. ¿Ha terminado? No se qué debería sentir.

-Enhorabuena.

Su voz es el sonido más hermoso que nunca he escuchado. Las grabaciones no le hacían justicia. Algo suave acaricia mi barbilla y me hace alzar la mirada. Arrodillado a mi lado hay una figura masculina a contra luz que me ayuda a sentarme y pone una botella de agua en mi mano antes de incorporarse. A pesar de que no distingo nada sé que me sonríe.

Se aleja.

-Espera.-Jadeo- Espera… ¡Enigma!

-Has demostrado ser una chica lista. He sido duro y has estado a la altura. Descansa. Bebe. Tómate tu tiempo. Cuando quieras, podrás irte. Ha terminado.

-Enigma, no… No te vayas.

-Tengo que hacerlo. Pero debo reconocer que me has impresionado. Hasta pronto.

Desaparece, y yo estoy demasiado débil para correr tras él. Por algún motivo, me parece que irse es lo más terrible que ha hecho. Porque incluso cuando estaba jugando con nuestras vidas, incluso cuando nos veía morir estaba vigilándonos, controlándonos, cuidándonos. Pero ahora se ha ido…

-Le he impresionado.-Murmuro, asimilándolo. He logrado llamar la atención, e IMPRESIONAR al mismísimo enigma.

Y sé que podría, que puedo volver ha hacerlo. Sí puedo. Tal vez lo haga. Tal vez debería volver a hacerlo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Fuga para tres

-¡Hora de ir al cole! Vamos despierta, dormilón, que vas a llegar tarde.

Crane despertó desorientado por la risita. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad logró distinguir (demasiado cerca) la cara sonriente de Harley.

-¿Pero qué…?- Se incorporó. Seguía en su celda de Arkham y el reloj marcaba las 3:14 Hasta ahí todo le parecía correcto. -¿Cómo y para qué te has colado en mi celda?

-Es un buen momento para una fuga.-Respondió la chica enigma, que estaba cerca de la puerta, cerrada. –O al menos, eso he pensado cuando Harley ha entrado en mi celda con las llaves y los uniformes.

Crane adaptó su vista a la casi inexistente luz para fijarse en que la chica enigma llevaba un uniforme de guardia y Harley uno de psiquiatra, y pudo otro en sus rodillas.

-¿Y los dueños de estos uniformes?

-Dormiditos, en nuestras camitas.-Canturreó la arlequina.

-No es que me muera de ganas por ver como te quitas la ropa, Crane, pero deberías darte prisa en cambiarte.

-Yo no miraré, Profesor.-Harley se tapó exageradamente la cara con las manos. A través de sus dedos, sin embargo había hueco suficiente para mirar cuanto quisiera. Crane salió de la cama y les dio la espalda para cambiarse.

-¿Cuál es el plan? Porque tenemos un plan ¿no?

Por la cara de la chica enigma supuso que había presupuesto demasiado. Suspiró.

-Vale, ¿qué tenemos?

-Las llaves de las celdas y varios pases para acceder a la zona restringida. Y una lámpara.

-No es como mi maza pero sirve para dejar K.O. de un buen golpe.

-Esta bien, escuchad. Soltamos a todos los pacientes, mientras más perturbados mejor. Tenemos que ir sin perder tiempo a las habitaciones del personal y dejar que nos evacuen aprovechando el caos.

-¡Sabía que tendrías un plan, profesor Crane!

-Eso también podría haberlo pensado yo.- Respondió la chica enigma, molesta.

-Pues demuestra lo que vales.

-Me muero de ganas de volver a encontrarme con mi puddin.

La chica enigma también sonrió, colocándose un mechón de pelo tras la oreja. Crane sólo espero que no se dejase llevar por emociones que la distrajeran de su misión, después de todo, él también tenía muchas ganas de continuar con sus estudios. Para él, la emoción más fascinante del ser humano era otra.

-¡Que comience el espectáculo!


domingo, 11 de septiembre de 2011

Terapia

-¡Profesor!

Se giró para encontrarse con su ex-alumna con un leve asomo de sonrisa.

-No sabía que estaba aquí, profesor Crane.

-Batman tuvo la amabilidad de traerme aquí hace unos días.

-“Amabilidad”.

-Ironizaba, pequeña.

-Oh, ¡claro!-Harley rió sin motivo aparente.-Pues es una pena que te encierren aquí, profesor. Además, no te queda muy bien el naranja.-Señaló el uniforme chillón que ambos llevaban.

-Es un pequeño inconveniente. Pero este también es un entorno interesante para continuar mis estudios. Aquí hay sujetos francamente fascinantes.

Los ojos de Crane se iluminaron con un brillo siniestro. Harley carraspeó buscando algún tema con el que atraer su atención. Ya había dejado que experimentara una vez con ella y había sido más que suficiente.

-¿Por ejemplo la chica nueva?

-¿Qué chica nueva?

Harley sacudió la cabeza hacia una mesa cercana, donde una chica de largo pelo castaño resolvía crucigramas a un ritmo frenético.

-¿La chica enigma?

Harley asintió, Crane entrecerró los ojos.

-Obviamente tiene una obsesión con nuestro colega Edward.

-Quizá lo vea como una figura paternal…

-¿Por una falta de afecto o ausencia de la figura del padre durante su infancia? Eso explicaría que imite su conducta en un evidente intento de reclamar su atención. Chica lista, Harley.

-Gracias, profesor.

-¿Qué más puede decir mi alumna?

-Creo que tiene un trastorno narcisista.

-Es posible, auque puede que enmascare sus propias inseguridades. Ya sabes, como quien lleva una máscara.-Harley rió con su comentario.

-Falta de empatía, sadismo…

-Coincido.-Respondió Crane

-Tres cosas, genios.

La chica enigma estaba frente a ellos cruzada de brazos, aún sostenía en una mano los crucigramas arrugados y en la otra el lápiz.

-Primero: Enigma es para mí un visionario, una mente privilegiada y a la que admiro, no un padre. Y me llevaba bastante bien con mi padre, de hecho.

Segundo: Os estoy escuchando, y resulta molesto oíros hablar de mí como si no estuviera presente. Y en tercer lugar. ¿Queréis dejar de comportaros como si trabajaseis aquí? Ahora sois de los que llevan camisas de fuerza.

-Bueno, y tú también eres de los nuestros.-Respondió Harley, señalando con un gesto teatral su uniforme.

-Y eso ¿te asusta?-Preguntó Crane con una sonrisa perversa. La chica le miró un instante asustada por la frialdad de sus ojos antes de alejarse murmurando malhumorada.

-Definitivamente, manifiesta obsesión por Enigma.

-E inestabilidad afectiva. Idealización del sujeto de su obsesión.

-Ego exaltado. Sentimiento exagerado de importancia.

-Dependencia excesiva.

-Coincido, profesor.

Se miraron a los ojos. Harley estalló en carcajadas.

-Me alegro de que volvamos a trabajar juntos, Profesor Crane.